
Apuñalare a mi voz hasta vaciarla de palabras y en ese enchastre macabro de silencio la arrastrare hasta la seguridad oscura de callarla y que no te hable.
Asfixiare a mis besos en mi propia boca y en esa desesperada necesidad de escaparse me los tragare enteros hasta digerir la mínima sospecha de que te besen.
Ahorcare la idea de verte hasta cegarme y con la misma soga me coseré los ojos por las dudas todavía exhalen algún deseo de mirarte.
Envenenare mis manos hasta que se sequen de caricias y se retuerzan como arañas al morir, cerrándose duras y en puño para así no tocarte.
Acribillare mi ganas de tenerte, una por una y por la espalda; congelare mi sexo y se lo tirare a los perros de la concupiscencia ,explotare los sueños, quemare el deseo, descuartizare mi memoria y la picare bien finita hasta que desaparezca cualquier vestigio tuyo.
Cada asesinato, premeditadamente organizado; frió, con la alevosía misma de quien verdaderamente se sabe amenazado y en peligro de muerte...